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Jesús de Nazaret convertido en un producto de mercado

En la antigüedad, cualquier aventurero que se proclamaba Dios enseguida conseguía adeptos.  Pero este no es el caso del Nazareno, porque nunca se le ocurrió semejante desatino.

En realidad, Jesús de Nazaret fue una víctima de los judíos, de los romanos y también víctima de los cristianos que lo convirtieron en un producto de mercado. El Galileo jamás se imaginó la industria que se montaría alrededor de su figura de mártir y “Resucitado”, explotada por innumerable sectas que auspiciaron y auspician con buen rédito el producto Jesús … a gusto del consumidor. Para ubicarnos en la magnitud del éxito económico logrado, recordemos que en la Edad Media, la Iglesia católica se había convertido en la empresa multinacional más poderosa y rica de Europa.

La metamorfosis del asiático Jesús, convertido en Dios consubstancial con Yahvé requirió el tiempo de 300 años. Arranca con la leyenda de la resurrección y culmina en el concilio de Nicea (325) por imposición de la barra brava que había llevado el deificador Atanasio para intimidar a los obispos partidarios de Arrio, que consideraban una extravagancia suponer la consubstancialidad del Nazareno con el Dios de los judíos.  En el interín, la variedad de propuestas cubría el mercado con gran eficiencia: un judío tenía a su disposición el Mesías Jesús; un pagano podía enrolarse en alguna secta jesusista que promocionaba un Jesús, fruto de la relación de un Dios y una mortal. Estaba el Jesús de Pablo de Tarso, el del falso apóstol evangelista Juan, el de Noeto de Esmirna, (¿140?-202) el de Sabelio (finales del siglo II y primeras décadas del III); el de Atanasio, (293-373) el de Arrio, (¿280?–336) el de Nestorio, (380-451) el de Eutiques, (¿387?-454)etcétera, etcétera.  Para un intelectual existían numerosas sectas gnósticas centradas en el “eón” Jesús.  Para Mahoma, (¿570?-632) el Galileo ha sido un “mensajero” de rango superior a un profeta. De lo que opinan ciertos judíos ortodoxos de su paisano Jesús, … ni hablemos.

Todas las sectas cristianas -por supuesto- decían poseer el único Cristo verdadero: los miembros de las restantes, eran “herejes” que patrocinaban un falso Jesús.  Pero no era común que los correligionarios se agredieran físicamente, por temor a las leyes de la justicia romana.  Por fin, a finales del siglo IV consigue arraigar en el Imperio la secta cristiana que había triunfado en Nicea en el año 325. Causa: en el año 380 se hizo bautizar en el jesusismo ilegítimo pagano rama atanasiana, el emperador Teodosio I y de inmediato declaró a esa secta, única religión oficial. De allí en más, los restantes cristianismos se convirtieron en sectas herejes, en serio. A su vez en el año 391 prohibió las religiones paganas.